Blogparade: las 10 cosas que, muy probablemente, no echaré de menos

¿Os acordáis del Blogparade de hace unos meses, donde contábamos las cosas que echaríamos menos de Alemania si nos fuéramos? Bueno, pues aquí llega la parte II, lo que no echaremos de menos.

Me ha costado escribir esta lista, no creáis, porque yo quería que fueran 13 puntos (cada uno lleva las supersticiones a su manera), pero sólo me han salido 10 y después de mucho pensar. Y es que a estas alturas no es ningún secreto que a mí de Munich me encanta hasta el clima.

En fin, he aquí mi lista, y por las dudas, que nadie se me ofenda por favor, ya conté las 13 cosas que echaría de menos, y como siempre digo, si de esta experiencia nos llevamos lo mejor de los dos países, triunfamos seguro.


1. LOS BICHOS

En Alemania la protección a los animales se lleva al extremo, y salvo piojos (muchos colegios exigen revisión de cabezas durante el fin de semana y en caso de contagio, baja inmediata y certificado médico que certifique que los susodichos han sido eliminados), en Alemania no fumigan, señores, esta gente ¡¡no fumiga!! Así que como se te ocurra pasarte por el lago al atardecer en verano, te vas a encontrar unos mosquitos tamaño helicóptero. Eso sí, como buenos alemanes, a eso de las 21h o las 22h se retirarán.

Y ojo, que quien dice mosquitos, dice arañas de todos los tamaños, hormigas, bichos de todos los colores y lo que es peor: ¡¡garrapatas!!

Que yo soy la primera que defiende a los animales y todo eso, pero ¿garrapatas? Vamos, que si los niños pillan piojos, se tienen que quedar en casa hasta que el pediatra diga que esas cabezas están limpias (lo cual me parece estupendo, dicho sea de paso, aunque viendo lo visto, o sirve de nada poco, o la gente se salta la regla a la torera), y sin embargo las garrapatas son de lo más normal... Por no hablar de las enfermedades que transmiten y la eterna cuestión de ¿vacunamos o no vacunamos?

Claro que, después de leer este artículo, veo a los bichitos con más cariño y supongo que lo de no fumigar es por los efectos colaterales... Pero en mi casa que no entren y a mis niños que no me los toquen.
En verano esto puede ser un deporte de riesgo

2. LAS COLAS (O LA FALTA DE ELLAS)

Con lo ordenados que son los alemanes, lo cuadriculados, seguidores de procesos como el que más... no entiendo qué les pasa cuando ven una cola.

En el supermercado les falta gritar "¡tonto el último!" cuando abren una caja y a mí esto me genera un estrés que ni cuando trabajaba en Orange.

Realmente es un espectáculo digno de verse, para hacer un estudio sociológico o similar.

3. LOS ASPIRANTES A POLICÍA 

... que se sienten en la obligación de llamarte la atención en cuanto haces algo mal. Al contrario de lo que pueda parecer, no son siempre viejitos sin nada mejor que hacer, a mí me ha llegado a seguir un chaval jovencito con el coche para llamarme la atención por no haber respetado su preferencia de paso...

Otra vez un señor me insultó por cruzar un semáforo en rojo (todavía me pregunto si le entendí bien... "blöde Kuh" me llamó, lo pienso y me da la risa), pero la verdad es que de este punto poco más puedo decir, porque en general la gente es de lo más educado y agradable y los alemanes que conozco  reniegan de ese otro tipo de compatriotas.

4. LA HUMEDAD 

En invierno (con la calefacción), apenas se nota, y algo me debo haber acostumbrado, porque es llegar a Madrid y notar los mocos secos como piedras y los labios como la piel de un lagarto al sol.

Pero en verano, cuando llueve y la ropa no se seca, y hace frío porque nuestra casa es vieja y no está bien aislada, y hay que preocuparse del dichoso Schimmel, o como ayer, te caen nosecuantosmil litros en un minuto y sin previo aviso... definitivamente todo eso no lo voy a echar de menos. (Aunque las tormentas de verano, con truenos, rayos y relámpagos, me encantan, si me pillan a cubierto).

Lluvia en primavera, no se lo deseo a nadie

5. LA INSIPIDEZ DE LA COMIDA

La fruta no sabe a nada, el pescado no sabe a nada (para alegría de mis hijos), la carne no sabe a nada, ¡hasta el agua no sabe a nada! Que ojo, si la tomas a palo seco, muy bien, pero es que te haces un té y tampoco sabe a nada.

Pasillos rellenos de comida insípida...

6. LA POCA VARIEDAD DE PESCADO 

Y lo caro que es, y lo poco que sabe a pescado... Nunca pensé que me pasaría (siempre fui más de carne), pero la primera vez que fuimos a Italia en coche y vi una pescadería, se me saltaron las lágrimas. La pescadería de Starnberg se parece más a una tienda de delicatessen que a una pescadería propiamente dicha.

Algún lugar de Italia

7. LOS HORARIOS

Pero no los de comida, que a todo se acostumbra uno, sobre todo si te tienes que levantar a las 6:30h porque a las 5h en verano es de día y en cualquier caso los niños entran en el cole a las 7:40h. Ya podían dejarles dormir un poco más, pero hasta a eso nos hemos resignado acostumbrado.

Pero estar en un chiringuito del lago o en la terraza de un bar y que te echen a las 22h porque los vecinos se quejan del ruido, y que encima te pidan por favor que no hagas ruido de camino al coche...

... O peor, que el Strandbad (la playa de Starnberg, con su pequeño bar, sus atardeceres, sus vistas a los Alpes) cierre a las 20h, justo cuando mejor se está en verano...

... A eso no hay quien se acostumbre.

En el Strandbad, antes de las 20h


8. LA CUADRICULEZ DE ALGUNOS

A mí que no me digan que los alemanes no son cuadriculados, que lo son. Al menos en lo que respecta al trabajo y ciertas costumbres. Y no es que eso sea malo, en absoluto, siempre que se dejen poco de margen para improvisar. Como dice mi padre, "en el punto medio está la virtud", ahí es donde veo que fallan.

Por ejemplo, ir a un restaurante que está totalmente vacío y que te pregunten si tienes reserva, y que ante tu negativa te digan que no pueden encender el fuego de las mesas sin reserva previa. Que no creo yo que encender el gas de la mesa lleve tanta preparación, ¿no? Y que luego estés esperando 10 minutos para pedir y el camarero que está en la barra te diga que tu mesa no la lleva él (recordemos: restaurante vacío). Mi yo rebelde quería llamar por teléfono para hacer una reserva in situ y que al menos alguien se diera cuenta de lo surrealista de la situación, pero mis acompañantes no me dejaron.

O que te tengas que ir de un Biergarten porque sólo queda una mesa de 4 en la zona de autoservicio y no quieren traer otra mesa libre de la otra zona de "te sirve el camarero" porque no les sale del moño por si se quejan los clientes.

Del punto 3 no tengo casi ejemplos, pero de este tengo p'aburrir.

Claro que hace poco comentaba una amiga (alemana, pero de ascendencia hispana), que la estrategia es echarle paciencia, poner buena cara, y en lugar de cabrearte, dejarles un rato para rumiar una solución. Lo probaré la próxima vez y ya os contaré si funciona.

9. LAS OBRAS

Que los alemanes son cuadriculados lo sabemos todos (ver punto anterior). Que les gusta tener procesos, y seguirlos, también. Que las normas están para cumplirlas, idem de idem. 

Y cuando toca hacer alguna obra pública, la normativa lógicamente se respeta y las cosas se van haciendo despacito, paso a paso y cada cosa a su tiempo. Hasta ahí, perfecto (menos lo de despacito). 

Porque claro, en ese plan, se tiran seis meses para asfaltar un pequeño tramo de autovía. 

Tres años para renovar la piscina del pueblo. 

Y más de 10 años (no es broma) para enterrar una pequeñísima parte de la M-30 de Munich (el Mittlerer Ring). 

Eso sí, todo está perfectamente señalizado, los trabajadores cumplen estrictamente su horario laboral y por supuesto, no se improvisa.

Y entonces hay una polémica en Starnberg porque una parte del pueblo quiere que hagan un túnel que solucione los atascos que se montan todas las tardes a la salida de la autopista, mientras la otra parte (mayoritaria) pone el grito en el cielo: mejor un par de horas de atasco todas las tardes, que veinte años de obras. Yo tengo el corazón partío y me acuerdo de Gallardón. 

Cuando les cuentas que en Madrid en ¿tres años? enterraron la M30 y de paso aprovecharon para hacer otras tantas mejoras, te miran como si fueras un marciano. 

Yo no digo que la forma de trabajar en España sea mejor, (ni peor): que juzgue cada cual, todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Yo me limito a exponer las diferencias y desde luego, como ciudadana, el día que me vaya no voy a echar de menos las obras (si trabajara en el gremio seguramente sería otro cantar). 

Así que, madrileños que me leéis, como vuelva a oír a alguien quejarse por las obras de Gallardón, ¡me vais a oír!

10. LA CLASIFICACIÓN DE LAS HARINAS

Llamadme friki, pero yo antes de llegar a Alemania conocía la harina de repostería, la panificable, la de fuerza, la integral y la del Vaporcito. Y llego aquí y que si 405, que si 550... Después de mucho investigar resulta que ese número indica la cantidad de minerales que quedan en la ceniza cuando se calcinan 100 gr. de harina. Una información súper útil. 

Por si a alguien le interesa, buscando buscando he encontrado esto... que según yo se contradice un poco con esto otro... Si alguien me da luz, le estaré eternamente agradecida!

¡Nosotras sólo queremos saber qué harina hay que usar para la pizza!


Y hasta aquí las 10 cosas que no echaré de menos. La verdad es que hay alguna más, como la burocracia (en serio, ¿tengo que avisar con 3 meses de antelación de que me cambio de operador y además no me puedo ir cuando yo quiera?), o como retransmiten los partidos de fútbol (y eso que sólo veo las finales y a España, pero ahora que viene el Mundial apetece verlo al estilo español), pero mejor lo dejo aquí. 

Y tú, ¿qué no echarías de menos? 

Esta vez la iniciativa de esta Blogparade parte de Montse, del blog Kartoffel Tortilla, ¡no dejes de visitar su blog! 

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