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Verona, o la guinda del pastel (tercera y última parte)

Podría empezar esta entrada diciendo que desde que leí Romeo y Julieta siempre había querido ir a Verona... o que la historia me parece taaan romántica, que subir al balcón de Julieta era la ilusión de mi vida. Pero, ni he leído Romeo y Julieta, ni la historia me atrae especialmente. En realidad, cuando F me propuso pasar una noche en Verona, aprovechando nuestro mini viaje "de novios", ni si quiera pensé en Shakespeare. Y sin embargo, a pesar de la lluvia, de las marabuntas de turistas y de que es tan pequeña que en una tarde la tienes vista, no me extraña que Shakespeare se inspirase en esta preciosa ciudad para escribir la que, dicen, es la historia más romántica del mundo.

Según yo, lo de menos son la casa de Julieta y su balcón (que para más inri, se añadió a la construcción original a principios del siglo XX, para adornar la leyenda), y eso que, gracias a la lluvia (o quizás a que fuimos madrugadores), tuvimos la suerte de verlo totalmente vacío.
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Es pequeña y se ve rápido, pero tiene el encanto de las ciudades con historia que, además, se mantienen intactas. Porque en el centro histórico, en el interior de la muralla, todo está (aparentemente) como hace unos cuantos cientos de años, y eso, en mi opinión, es lo que la hace más especial. Es una ciudad fotogénica.

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Aquí la primera parte del viaje por el Lago di Garda.
Y aquí, la segunda parte.

Dando la vuelta al Lago di Garda (II parte)

Continuamos con la crónica de nuestra mini luna de miel en el Lago di Garda. Fueron sólo dos días, tres si contamos el viaje en coche, pero desde luego, muy bien aprovechados. Tomen asiento, que vamos a visitar unos cuantos pueblos hoy...

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Este pueblo me gustó mucho, mucho. En realidad es como todos los demás, no sé si fue la luz (empezaba a caer el sol), el Aperol que nos tomamos (sí, eso debió tener algo que ver!), o que verdaderamente tiene un encanto especial, el caso es que lo recuerdo con cariño.

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Sirmione es el pueblo más turístico, dicen, el que hay que ver sí o sí. Nosotros hicimos noche allí porque nos venía bien, tal y como habíamos planteado el viaje. Dormimos en un hotelito encantador a orillas del lago y debimos tener suerte, porque no había apenas gente y casi podríamos decir que teníamos el pueblo para nosotros solos.

Y yo volví a madrugar. El tiempo esta vez no acompañó (estaba nublado), pero a pesar de lo que me costó levantarme, me volvió a encantar la experiencia... me carga las pilas esto de levantarme al amanecer, ¡lástima que me cueste tanto!, y creo que lo voy a incorporar en mis rutinas "viajeras" a partir de ahora. Me consta que más de uno y más de dos piensan que estoy mal de la cabeza, pero yo sé que ahí fuera hay gente que me entiende, ¿verdad?

El casco antiguo de Sirmione está en una pequeña península que se adentra en el lago. Y para entrar hay que atravesar el puente levadizo del castillo de Rocca Scaligera, visita altamente recomendable, como veréis a continuación.

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Desde arriba del todo se ve perfectamente la península de la que hablaba más arriba: al norte, el lago, al sur, tierra firme. Un sitio privilegiado, ¿verdad?
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Y para los amantes de las ruinas, Sirmione tiene su propia villa romana, "Las cuevas de Catulo", que por lo visto, ni son cuevas, ni son de Catulo, pero bien merecen una visita.

Entre Sirmione y Limone, el siguiente pueblo, hicimos noche en Verona. No nos pillaba precisamente de camino, pero ya que estábamos... Aunque mejor lo cuento otro día, que la patria de Julieta se merece su propia entrada.

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Aquí el tiempo ya no era el del primer día, ni siquiera el del segundo, pero nos dio igual mojarnos. Limone, como su propio nombre indica, es el pueblo de donde viene el Limoncello. Y un sitio encantador y pintoresco, encajado entre paredes de piedra y el lago, y donde casualmente aprovechamos para aprovisionarnos de productos italianos (no seáis malpensados que precisamente Limoncello no compramos).

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El viaje terminó en Riva del Garda. A estas alturas todos los pueblos nos parecían iguales, y por eso nos dejamos un par de ellos sin visitar: así tenemos excusa para volver, ¿quién se apunta?

Próxima parada: Verona. 

aquí, la primera parte del viaje.

Desconexión y paisajes italianos: el lago di Garda (primera parte)

Que este invierno ha sido el más largo de la historia no creo que a estas alturas sea ninguna novedad para nadie. Por si eso fuera poco, también ha sido (por lo menos por aquí) el más oscuro que se recuerda. Y, como no, tema estrella de conversación, superado últimamente por "¿eso de ahí es el sol?". Hasta hace sólo unos días, mirabas por la ventana y aún quedaban montoncitos (o montonazos, según se mire) de nieve despistados... es más, seguro que aún queda alguno. Y es que, según dicen por aquí, "April macht was er will", o sea, abril hace lo que quiere, lo que viene a significar que hemos cambiado la nieve por lluvia-cincominutosdesol-máslluvia-parecequevuelveasalirelsol...- y así sucesivamente... siempre tocando madera, porque el año pasado la última nevada fue el día 8 de abril, y ya sabemos que abril se sale siempre con la suya...

Menos mal que al final de nuestra hibernación forzosa, maridín et moi tuvimos la oportunidad (que nos apresuramos a coger al vuelo, no fuera que alguien cambiase de opinión!) de escaparnos un fin de semana sin niños (yuhuuuu!). Elegimos el Lago de Garda, principalmente por su fama de soleado y de "playa de Baviera". Muchos teutones veranean por esta zona, y no me extraña, porque debe ser lo más parecido al mar en 400 kms a la redonda.Y con clima mediterráneo.

En vista de la ausencia de niños protestones ("Mamá, qué pesadaaaa con las fotos!") me pude explayar a gusto, así que mucho me temo que esto da para dos o más bien tres entradas a lo "folleto turístico". Porque visitamos tantos pueblos (7 concretamente, más Verona, que merece su propia entrada) e hice tantas fotos que no me caben todas en una sola. Eso sí, retratos (y autorretratos) casi ninguno. Ooops! Ya subsanaremos eso más adelante.

A título informativo: el Lago de Garda queda a unos 400 kms de Munich. No es grande, es inmenso (el más grande de Italia), tipo mar, y está rodeado de pueblecitos medievales y perfectamente cuidados, todos ellos con su pequeño puerto, sus heladerías, sus tiendas de productos italianos, sus trattorias, sus civilizados turistas alemanes... ay, qué ganas de volver!

Primero, ya que me pongo en plan folleto turístico, un pequeño croquis de nuestro itinerario (faltan pueblos, claro, no nos dio tiempo a verlos todos):

Mapa Gardasee polaroid
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En Malcesine paramos a comer, a pie de playa, como quien dice. La pasta nos supo a gloria y nos encantaron sus callejuelas estrechas y pintorescas...
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Torri del Benaco es minúsculo pero precioso, menos turístico quizás que el resto, y muy auténtico, como Malcesine, o eso nos pareció (probablemente porque es donde menos turistas vimos. Vamos, que no había nadie!)

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Bardolino ya es más grande, más turístico (o con más ambiente, según se mire). Aquí hicimos la segunda parada técnica: helado! (en honor a los niños, todo hay que decirlo, que nos rogaron encarecidamente que les trajéramos unos cuantos kilos de helado italiano como souvenir).
(Eso que se ve volando es un hidroavión teledirigido, una pasada!!!!)

... continuará.
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