Istria: el interior

Istria es mucho más que sol y playa. Además de una gastronomía sencilla pero exquisita (la trufa blanca es una de sus especialidades, junto con el pescado fresco y muchas cosas más, de la tierra y del mar), en el interior de Istria hay tesoros escondidos que merece la pena explorar.

Empiezo por Umag, que aunque está en la costa se me olvidó mencionarlo en la entrada correspondiente, supongo que porque lo visitamos el día que hicimos la incursión al interior. 

Umag está arriba del todo, casi en la frontera con Eslovenia. Es un pueblo chiquito, más conocido por su torneo de tenis de la ATP que por otra cosa, donde se puede dar un paseo agradable a orillas del Adriático.

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A continuación se puede hacer una parada rápida en Buje, no muy conocido y, por tanto, poco frecuentado por el turisteo de la zona.

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Si pasáis por aquí podéis comer en Konoba Malo Selo (Fratrija 1, Buje - ) literalmente en medio de la nada, y disfrutar de su especialidad: la trufa blanca. O de su pan con espárragos. O de un puré de patatas con sabor a patatas de verdad (suena redundante, pero no lo es. Si algún día lo probáis, sabréis a qué me refiero). Una imagen vale más que mil palabras:

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Debajo había un chuletón

Motovun

En medio de la que dicen que es la "Toscana croata", visita imprescindible sobre todo entre los que hacen la "ruta del vino", y es que por esta zona hay muchas bodegas familiares. También hay muchos olivos, es más, no hay restaurante que se precie sin una botella de aceite en cada mesa. Aceite excelente, tanto, que hicimos una parada al azar en una ¿almazara? cualquiera (aquello parecía más bien una casa particular) y salimos cargados de AOVE. A precio del Gourmet del Corte Inglés, eso sí.  

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Grozjnan

El pueblo de los artistas, le llaman, y es que está lleno de pequeñas galerías de arte y tiendas de artesanos. Hay que subir por un camino de cabras de unos 5 kms para llegar a este precioso pueblo medieval. Una servidora al volante. Fernando en el asiento del copiloto, soltando lindeces (adivinen quien se empeñó en subir) y yo sufriendo en silencio por las ruedas y rezando para no encontrarnos a nadie bajando. Pero la media hora de subida (minuto arriba, minuto abajo) mereció muy mucho la pena. 

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Lo que no sé es por qué no hice más fotos, se ve que estaba ya "jarta" de tanto pueblo y debí hacer huelga de brazos caídos o algo así. Porque de verdad de verdad que Grozjnan es preciosísimo.

Una cosa más, con el lío de pueblos que llevo, unido a las ganas de vacaciones otra vez, es fácil que me haya equivocado y haya adjudicado a algún pueblo una foto que no es. O viceversa. ¡El que avisa no es traidor!

Y con esto y un bizcocho, termina nuestro periplo por Istria. Por si alguien se perdió las entradas anteriores, aquí las tenéis:
- Istria, la perla del Adriático (Pula)
La costa de Istria I
La costa de Istria II

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